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sábado, 17 de enero de 2015

A ti:

Es en días como estos cuando más pienso en cómo serían las cosas si todo hubiese ido de otra forma. Recuerdo perfectamente las hojas que, tumbadas justo al lado del banco donde nos sentamos, observaron cual público que va al cine a ver una película romántica, todo lo que nos contamos aquel día. Hoy en día no recuerdo ya todo.
Me vienen a la mente detalles como ese, mis labios rojos, el color amarillo de la tarde e incluso verte aparecer. Mi cabeza no reaccionó como yo esperaba. Me llevé el resumen de tu vida guardado en ella mientras que mis brazos siguieron vacíos, como antes, como ahora. Dudo siquiera que pienses en mí hoy, o mañana, o lo hayas hecho estos días pasados. Creo que hace demasiado que no intercambiamos una palabra y he acabado convirtiéndome en alguien irrelevante,  una sombra sin voz, incluso sabiendo que hace cosa de un año eso no era así. Y no duele, de verdad que no. Es algo a lo que una se acostumbra. Tampoco fue para tanto, me he repetido muchas veces. Y es que, en realidad, no lo era. Pero es que quizás los seres humanos nos encaprichamos demasiado con tonterías que a veces no nos dejan dormir, y otras, ni siquiera avanzar. Seguramente si hoy volviésemos al banco, me sentase frente a ti con las piernas cruzadas y me dijeses: “Ahora sí quiero” quizás en mi cabeza volviese a pensar lo mismo que pensé aquel día. No hay duda: No va a salir bien.

Hace un par de segundos me ha vuelto a la mente otro detalle en el que me fijé entonces. No me miraste de frente, nunca a los ojos. Me acuerdo de estas cosas porque antes sí lo hacías; antes no daba miedo. Pero aquella tarde tu perfil, imperfecto, único, se mostraba ante mí en silencio, mientras aparecía una sonrisa, una pequeña. Desapareció minutos después cuando me dejaste entrar en tu corazón y solo yo y aquellas hojas, que eran pocas pues la primavera ya había empezado hacía mucho y que no entiendo realmente por qué estaban allí en el suelo,  fuimos testigos de tu historia. Me sentí bien, me sentí realmente bien. Mi propósito desde hacía meses había sido ese. Quise ver al verdadero tú, quise ganarme esa confianza y quise tanto, tantas cosas.

De vez en cuando, no entiendo muy bien por qué ocurre esto, pero mi mente divaga mucho y acaba volviendo a un día de mayo donde hablamos. Estaba sentada en el césped, con la cabeza más suelta tras haber estado bebiendo, descansando después de bailar durante tanto tiempo, harta de haber buscado tu camiseta negra entre todo el barullo de gente y comiendo pipas con mis amigos. Tú apareciste como una sombra entre las sombras. Sé que fue así porque realmente te vi de esa forma. Era de noche ya, la luz de la farola no llegaba a aquella zona y tus pies pasaron justo por mi lado. Ni siquiera me había dado cuenta realmente de que estabas justo ahí, después de tantas horas en tu busca cual niña tonta que no pierde la esperanza y piensa “Hoy va a ser el día”. Si cierro los ojos puedo recordar cómo te agachaste para decirme hola, yo me levanté y me tambaleé, a punto de caerme, me apoyé en la rodilla de mi amigo y ambos nos encontramos cara a cara. Y creo que todo fue silencio entonces, de la misma manera que fue silencio el perfil de tu rostro semanas después. Digo que era silencio porque en mis oídos no logro recordar que escuchase nada, pero realmente sé que en aquel momento solo había ruido. Todo era ruido. Incluso en mi cabeza lo único que retumbaba era la música y las voces y de pronto, tu voz intentó hacerse paso. La mía también luchó por llegar a tus oídos antes que lo demás, y acabamos tan cerca que olía perfectamente tu cuello. Y sé que tú también olías mi pelo y que sonreías tan cerca de mi mandíbula que si hubieses tenido valor, podrías haberme mordido y yo me habría dejado. Y  fue entonces cuando me dijiste que te ibas ya con la misma sonrisa que me enseñabas cada día cuando me hablabas. En realidad miento, pues no todos los días decidías levantarte. Llegué a pensar que yo sí lo hacía para verte, y en cierto modo, era cierto. Así que te largaste igual que como habías aparecido, cual sombra entre las demás. Y pude haberte convencido, y quizás te hubieses quedado y a lo mejor, hoy no escribiría esto o quizás hoy te odiase o me dolieses o me arrepintiese, pero no es el caso.

Hoy mi cabeza me ha devuelto tu olor y cómo sabía que habías llegado antes que yo debido a ello. Y no es que duela, pero encuentro el mismo aroma en muchos hombres, cada día que camino por la calle o me siento en el metro y alzo la vista en busca de esa persona que me recuerda a ti. Pero los ojos que me devuelven la mirada no son los mismos que los de meses atrás a pocos centímetros de distancia, pestañas largas sin serlo en exceso, y el color miel, porque era miel, que para mí eran tan bonitos. Tiene gracia porque no eran especiales, pero a mí me gustaban. Pero hoy en día no los extraño tanto. De vez en cuando me permito pensar en ti porque me es inevitable no hacerlo y acordarme de aquel pequeño detalle que quizás a ti no te gustase o que a otros no les pareciese bonito o especial y a mí sí me lo parecía, y me lo sigue pareciendo. Mis dedos querían acariciarte las mejillas y trazar la línea de tu mandíbula y luego encontrarse la una a la otra en tu nuca. 

Y aquí me tienes.

No vas a leer esto jamás, o al menos, espero que no. En el caso de que sí, te llegué a conocer lo suficiente como para saber que dirías algo como “Qué exagerada” que era tu frase multiusos. Y si estuvieses ahora mismo leyendo y recordando cosas que no se te pasan por la cabeza desde hace mucho tiempo o que significaron nada para ti, quiero que sepas que me hiciste más ameno el año y por ello te doy hoy las gracias. De alguna forma me alegraste y de alguna forma siempre he querido hacerlo yo contigo. Creo y espero haberlo hecho. Me alegra saber que existes y creo que, pensando esto detenidamente, yo era demasiado para ti. Creo que ambos estábamos en niveles distintos, que teníamos diferencias enormes… aunque espero que lo poco que teníamos en común, algún día me cruce contigo de nuevo en otro lugar, en otro tiempo, a otra edad.

Quizás en el momento correcto.

Llevo meses sin permitirme escribir sobre ti porque creía que de esa forma nunca sería cierto que sí, que estuve enamorada. En realidad no sé si debo llamar así a las sensaciones que me provocabas pero no importa, porque de todas formas, era algo parecido. Todavía hoy me sacas de quicio cada vez que me recuerdas que estás ahí y existes espero hacer lo mismo, no sabes cuánto. También me haces preguntarme cómo sería tener tus manos sobre mi piel o las mías sobre tus hombros o a qué sabrían tus labios o cómo se verían tus ojos, siempre brillantes, bañados en la luz plateada de la luna. Pero es imposible saberlo. Y estoy tan cansada de preguntarme cosas, de recordarte casi cada día y de no entender qué pasó, ni cómo; que me encuentro ahora mismo, el día de mi cumpleaños, uno después del tuyo, escribiendo esto y desahogándome por fin. Dudo que alguien te escriba algo así alguna vez, dudo que sepas que alguien te ha escrito y dudo que, de saberlo, muestres que te importa. Y me da exactamente igual. Es en días como este cuando me da por escribir y es en días así cuando agradezco que aparecieses porque al menos, tal y como a Pedro Salinas le ocurría con Katherine R. Whitmore, me inspiras. Escribo sobre ti, eres esa persona a la van dirigidas todas mis palabras y gracias a ello, hoy en día puedo hacer poemas y entender que a veces el amor duele de formas distintas a como lo he llegado a conocer quizás solo a rozar con la punta de los dedos.

Así que cuando me acuerdo de ti y recuerdo las hojas cual espectadoras escuchando junto a mí cada una de tus palabras, cada problema, cada pensamiento que tenías; me alegro. En días como este, simplemente me gustaría que supieras que no me arrepiento.


Y sí, sé que jamás habría salido bien.

-B. B



10 comentarios:

  1. Muchas veces lo que más duele es lo que no pudo ser y los "y si..." que se te quedan para siempre dentro. Pero de verdad crees que dentro de un tiempo, si os volvéis a cruzar, ¿podrá funcionar?

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    1. Si ocurriese en muchos años, depende de cómo hubiésemos madurado. Pero no creo que estemos destinadxs a funcionar juntxs...

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  2. Bea que bonito!!! Me sentí identificada con tu texto la verdad, a mí me pasó algo similar y creo que a todos alguna vez nos pasa, así es el amor

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    1. Es muy inspirador, en realidad. Me gustaría poder experimentarlo más, me cuesta muchísimo que me ocurran esas cosas. ¡¡Muchísimas gracias!! <3

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  3. Dios Bea, me da ganas de abrazarte es todo super tierno lo que escribiste, me hizo poner la piel de gallina porque así es como se sienta una cuando está enamorada o, por lo menos le gusta mucho alguien. Me encantó mucho, podría poner esta frase "... a veces el amor duele de formas distintas a como lo he llegado a conocer —quizás solo a rozar con la punta de los dedos—..." en una foto? es que me gusto tanto tanto tanto.
    Espero que tengas un lindo día, saludos.

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    1. ¡Muchísimas gracias, de verdad! Por supuesto que puedes citarme, como hago yo siempre en instagram, siempre que pongas al menos -B.B al final, no me importa que cojas una frasecilla :)
      Me alegra un montón que te haya gustado, este comentario ha sido muy cuqui <3 ¡¡Gracias!!

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  4. Bea me hiciste llorar T_T aunque nunca he tenido la suerte (o la desgracia) de enamorarme, lo he podido sentir como si me hubiera ocurrido. No solo escribes bien, sino que consigues emocionar al que lee, que creo que es algo mucho mas complicado que escribir de forma enredada y bonita y que mucha gente se esfuerza en conseguir sin lograrlo. Sin embargo, a ti parece que te sale tan natural... Precioso, de verdad ^_^

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  5. El año pasado solía escribirle a la persona que me gustaba y hace mucho que no tenía inspiración para escribir. Las palabras llegaron demasiado rápido, para sorpresa mía y terminé escribiendo más de la cuenta. El día en el que cumplió años le entregué una carta de 5 páginas y bueno sí soy gilipollas. No dijo nada de la carta. Y nunca nunca había bajado la guardia tanto como lo hice aquella vez porque en esa carta le hice saber quien era yo, Con palabras confusas y relatos que sonaban muy dolorosos, le entregué mi tesoro más preciado (mis sentimientos y mis palabras). ¿Y al final qué? Pues al final me había enamorado de un imbecil de mierda que no supo ni decir gracias. Una persona que no entendía la importancia de las palabras Bea. Y voy aprendiendo que sí, que no me merecía. Pero que igual duele y el hecho de que sea una desgracia de persona no cambia lo que sentí todo un año. Lo que aun siento tal vez...

    Me encantó tu texto Bea y bueno, fue imposible no recordar. Sigue escribiendo porque cuando haces a alguien recordar y sentir cosas todo vale la pena!! Y el estar inspirado por cosas que pudieron haber pasado es lo mejooor <3333

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